El próximo 4 de setiembre se cumplirán 35 años de asesinato de Zulma Matzkin, Pablo Francisco Fornasari, Juan Carlos Castillo y Mario Manuel Tartchitzky. TELAM recordó el hecho con una serie de notas que aquí reproducimos.
Por Equipo de investigación de TELAM.
UNO.
En la tarde del viernes 25 de junio de 1976 Juan
Oscar Gatica fue secuestrado junto a Pablo Francisco Fornasari y Juan
Carlos Castillo. Los tres jóvenes entraban a Bahía Blanca por la Ruta
Nacional 22 en la camioneta del primero cuando fueron interceptados por
un retén del Ejército al mando del capitán Raúl Oscar Otero.
Los tres, militantes peronistas, regresaban desde el pueblo de Médanos,
partido de Villarino. Gatica recordaría que el capitán Otero y Fornasari
se conocían porque el militar revistaba en el Batallón de
Comunicaciones 181 con asiento en Bahía Blanca, dónde Fornasari había
hecho el servicio militar.
Otero detuvo y llevó detenidos a los
tres militantes al Batallón 801 tras constatar que Castillo figuraba en
una lista que llevaba consigo. Puestos en el mismo calabazo, a la
mañana del sábado se llevaron a Castillo. El domingo por la mañana
cambiaron de celda a Fornasari y Gatica, confinándolos con otras
personas.
El lunes Gatica y Fornasari fueron interrogados por
dos hombres, sin sufrir apremios. Sus interrogadores los indujeron a
escribirle una carta a sus familias. Luego, fueron fotografiados.
El
jueves primero de julio fueron llevados a la guardia del batallón dónde
se les hizo suscribir que el trato recibido había sido correcto y se
les dijo que su liberación era inminente.
El viernes Fornasari
fue trasladado a la “Escuelita”, el centro clandestino de detención
establecido dentro del predio que ocupaba el V Cuerpo de Ejército. Allí
había sido llevado antes Castillo un ex estudiante de ingeniería del
petróleo en la Universidad de Comahue de 35 años. Castillo estaba casado
con Ericilia Ángela Kooistra quien permanece desaparecida.
Sobrevivientes
de “La Escuelita” vieron a Castillo de pie, desnudo y con los
testículos atados a una reja después de una feroz sesión de picana.
También vieron a Fornasari luego de ser sometido al mismo suplicio,
desnudo, con los ojos vendados, obligado a permanecer de pie a la
intemperie en pleno invierno, en medio de los perros que los guardias
usaban para asediar a los secuestrados.
A todo esto, la madre de
Fornasari, Elba Nicoletti, buscaba afanosamente su hijo. En el Batallón
801 de Comunicaciones negaron que hubiera estado detenido, al igual que
en el V Cuerpo de Ejército.
Sin embargo, ya entrado julio, el
teniente coronel Argentino Cipriano Tauber le dijo que Pablo Franciso
había estado detenido “entre los presos comunes” pero que había sido
liberado en la víspera. Y a continuación le mostró el escrito que su
hijo había firmado en la guardia del cuartel.
No tuvo más
noticias de Pablo hasta que le informaron que había sido “abatido en un
enfrentamiento” por la “Agrupación Tropas” en una casa de la calle
Catriel.
Una comunicación cursada por el mayor Bruzzone desde el
Centro de Operaciones Táctico (COT) del V Cuerpo de Ejército a las dos
de la madrugada del domingo 5 de septiembre hacia el subcomisario Félix
Alejandro Alais de la Delegación de la Policía Federal, dio pie a la
difusión de un “enfrentamiento”.
Bruzzone le comunicó
formalmente a Alais que “a partir de denuncias de la población y por
investigaciones propias, una patrulla militar fuertemente armada fue
comisionada para rodear y reducir a las personas armadas que con actitud
sospechosa estaban en el inmueble de Catriel 321”, dice la requisitoria
de elevación a juicio hecha por la acusación.
Alais no era un
policía del montón, cuñado del general Carlos Guillermo Suárez Mason,
entonces comandante del Primer Cuerpo de Ejército, había sido denunciado
hacia ya más de un año por Rodolfo Walsh como un conspicuo miembro de
los escuadrones asesinos de la Alianza Anticomunista Argentina (AAA) o
“Triple A.
Félix Alais era hermano de Ernesto, un general que se
hizo famoso en enero de 1988 por su extrema lentitud para desplazarse a
Monte Caseros, donde se había sublevado Aldo Rico. Debía reprimir el
segundo alzamiento carapintada liderado por Rico, quien se había hecho
fuerte en el Regimiento de Infantería 29 de esa localidad correntina.
Las tropas comandadas por Ernesto Alais jamás llegaron.
El
general Alais, quien participó en la feroz represión ejecutada en la
provincia de Tucumán, llegó a presidir el RENAR (Registro Nacional de
Armas) antes de ser procesado como presunto autor de delitos de lesa
humanidad. Su hermano Félix Alejandro se afincó en Bahia Blanca, dónde,
al menos, hasta el 2007 prestó servicios con su agencia de seguridad
Fast en la Facultad de Agronomía de la UNS.
DOS. El lunes 6, el diario “La Nueva Provincia”, bajo el título “Otra eficaz
acción del Ejército. Cuatro extremistas fueron abatidos en nuestra
ciudad” aseguró falsamente que Castillo y Fornasari eran “cabecillas de
la organización ilegalizada en primer término”, en referencia al
Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), cuyo nombre estaba prohibido
decir y escribir (lo mismo sucedía con Montoneros, “la organización
ilegalizada en segundo término”).
Citando un comunicado de la
Subzona de Defensa 51 del V Cuerpo de Ejército, el diario identificó a
Pablo Francisco Fornizari (sic) como “Lito” un “oficial segundo” (rango
que utilizaba Montoneros, no el ERP) y supuesto “jefe de destacamentos”
de Bahía Blanca, Tandil y Mar del Plata.
Dicho comunicado
acusaba al acribillado Fornasari de pertenecer a “la organización” desde
1969 (cuando ni Montoneros ni el ERP se habían presentado en público ni
se conocía su existencia) y de haber militado varios años en La Plata.
También
lo acusó de haber intervenido en el asesinato de un subcomisario en
marzo de 1975, así como de haber planeado y dirigido una emboscada a
una patrulla de la Compañía de la Policía Militar 181 en diciembre de
1975, ocasión en que fueron asesinados un suboficial y un soldado
conscripto, rematando la serie con otra falsedad: “El delincuente
Fornazari habitó la finca ubicada en Sarmiento 1502, del barrio
Palihue, hasta fines de julio del corriente año, debiendo abandonarla
precipitadamente en oportunidad de ser allanada la vivienda por fuerzas
del Ejército”.
Se refería a un hecho ocurrido en la noche del
24 de julio, cuando Fornasari y sus compañeros iban a cumplir un mes
como detenidos-desaparecidos.
En el ínterin, la camioneta de
Castillo, robada por quienes lo habían secuestrado junto con Fornasari y
Gatica, era utilizada por el subteniente Julián Oscar “El Laucha”
Corres, quien se hizo conocido por fugarse de la Delegación de la
Policía Federal en Bahía Blanca y luego recapturado. Corres estaba en
el grupo de quienes están siendo juzgados, pero falleció el lunes 8 de
agosto.
En cuanto al cuarto asesinado, Manuel Mario
Tartchitzky, de 26 años, era un físico nuclear egresado del Instituto
Balseiro y al igual que Matzkin había militado en la JUP.
Juan
Oscar Gatica, sobreviviente de la masacre de Catriel y testigo de la
causa, padeció el secuestro de su pareja, Ana María Caracoche y de los
dos hijos de ambos. María Eugenia Gatica Caracoche, con apenas un mes de
vida, había sido secuestrada desaparecida en el mes de marzo de 1977
junto con Susana Falabella y su compañero José Abdala, quienes la tenían
a su cuidado junto con un bebé de la pareja de nombre José Sabino.
En
el mes de abril de 1977 Ana María Caracoche fue secuestrada con su hijo
Felipe Martín. Al intentar impedir que le quitaran el bebé, fue
brutalmente golpeada en la cabeza y sufrió fractura de un brazo.
Permaneció
detenida-desaparecida en los centros clandestinos de detención “La
Cacha y “Pozo de Banfield”. Posteriormente fue liberada.
Felipe
Martín fue recuperado recién en 1984, a la edad de 7 años. Su hermana,
María Eugenia, con 9 años de edad, un año más tarde.
José Sabino Abdala Falabella fue localizado en 1993. Los padres de José Sabino continúan desaparecidos.